
Cuando uno se vuelve un jugador profesional, sabe que todo aquello que haga una diferencia para ganarle a nuestro contrincante a o la suerte, es bienvenido.
Esto es parte de la habilidad de un jugador para sobresalir sobre el otro. Pero que pasa cuando el jugador ya no distingue entre la delgada línea que separa la habilidad de la trampa.
Un jugador experto en juegos de azar, tarde o temprano comienza a vivir del juego, como el vendedor de sus comisiones. Todo suma, todo es un buen motivo para hacerse de dinero… todo mientras sea ético, claro está.
Pero nunca hay que olvidar que la línea entre lo ético y lo no ético es muy delgada cuando la habilidad de las personas, o en este caso de los jugadores hacen la diferencia.
Y es en este punto, donde muchas veces el jugador olvida esa delgada franja para dar comienzo a un viaje de ida a lo que tarde o temprano no volverá.
Lo que empieza siendo un hobby o una distracción en la cual se le anexa la diversión, se esfuma en un abrir y cerrar de ojos si perdemos la ética en el juego… y en la vida.
Es por eso que el mejor de todos los consejos que les podemos dar es que no existen los caminos fáciles. Ninguno de ellos conduce a nuestro destino original. Leer el resto de esta entrada