
Desde chico me inculcaron que cuando uno obtiene un triunfo, debe darle su merecido tiempo para disfrutarlo y para compartirlo. Pero esto no tenía o tiene una connotación vanidosa. Al contrario, el fin de estos festejos es que queden en nuestros recuerdos para esos días donde la dicha y la diversión no parecen llegar.
Para ganar hay que luchar, ser constante, tenaz y observar todo a nuestro alrededor, en definitiva el mundo que nos rodea. Nuestros compañeros, nuestros contrincantes y el entorno deben estar muy bien identificados para que solo la suerte del momento, sea la única variable constante.
Pero a la hora de jugar, sabemos que hay momentos de mucha “suerte” y otros, que querremos olvidar para siempre. Pero a no temer. Cuando uno pierde gana experiencia, concentración y se ponen a prueba todas nuestras capacidades para saber que tan tenaces somos. Es como una prueba que divide a los que persisten y a los que se dan por vencidos con los primeros golpes.
La experiencia en un jugador es fundamental. Más allá de la observación, los conocimientos y la tenacidad. Todo debe sumarse y estar en perfecta armonía para lograr saltar sobre el resto. Es por eso que dicen que “El todo es mayor que la suma de las partes”. Leer el resto de esta entrada